GEFOR ¿Sabías qué?
La expedición de la vacuna, una aventura científica.
Home Quienes somos FAQs Estatutos Fotos Consensos Novedades Buzón de contacto Links Encuestas Residentes Becarios Docencia Socios Colaboradores
SEIMC

El barco. Una corbeta de doscientas toneladas, la María Pita, que sería gobernada por Don Pedro del Barco, teniente de Fragata de la Real Armada.

La también llamada “Expedición de Balmis, fue realmente una hazaña científica, además de un viaje lleno de penosas peripecias, por caminos intransitables en los que era preciso transportar a los niños a hombros de indígenas, con fricciones con las autoridades locales que no comprendían el objetivo de la misión, y en el que Balmis desarrolló un notable talento para la organización y para conseguir la colaboración de las instituciones civiles, militares y eclesiástica. Balmis, como todos los viajeros ilustrados de la época, aprovechó además el viaje para interesarse por los problemas de las comunidades locales, por la naturaleza que encontraba a su paso y por estudiar su posible aplicación terapéutica.

Para la historia médica española fue una de sus aventuras más interesantes, y tuvo una repercusión decisiva en la salud de las colonias.

La lucha contra la viruela

Los españoles habían llevado la viruela al nuevo continente en el siglo XVI y fue siempre un problema sanitario de difícil control hasta que Balmis llegó en 1804 repartiendo la vacuna y su manual de control de la viruela, por las principales ciudades, instruyendo a los cirujanos y a la población, y dando los primeros pasos en un trabajo que fructificaría en la erradicación de la viruela en México y en los países latinoamericanos un siglo y medio después.

La expedición que partió de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 en la corbeta María Pita estaba compuesta por dos cirujanos, cinco médicos, tres enfermeros y 22 niños expósitos, todos bajo la dirección de Francisco Xavier Balmis, y como subdirector José Salvany Lleopart. Además del virus inoculado en los niños, la corbeta transportaba dos tesoros muy valiosos: una carga de linfa de vacuna guardado entre placas de vidrio selladas, y miles de ejemplares de un tratado que explicaba cómo vacunar y conservar la linfa.

En mayo de 1804 la expedición llegó a Puerto Rico, donde se enteraron de que las autoridades locales ya habían conseguido la vacuna a través de la colonia danesa de Saint Thomas. No obstante, como en el resto de los lugares que visitaron a partir de entonces, organizaron una Junta Central de Vacunación que se encargaría de llevar un registro de las vacunaciones y de mantener el suero necesario para las futuras inmunizaciones. Además de la aventura propiamente médica, no faltan en el relato del viaje las anécdotas viajeras, como el naufragio que sufrieron en la primera travesía del que afortunadamente fueron rescatados sin daños personales, y llevados a Cartagena de Indias, donde prosiguen su tarea.

Para trabajar mejor, la expedición se dividió en dos grupos, uno de ellos, dirigido por el propio Balmis, partió hacia Venezuela y Cuba, para después seguir rumbo a Méjico, donde Balmis había trabajado varios años y era muy estimado. Una vez completado su recorrido por América Central, cruzaron el océano Pacífico y llegaron a Asia, donde visitaron Filipinas, Macao y Cantón para regresar a España, donde llegaron cuatro años después de su partida, en septiembre de 1806. La otra parte de la expedición, a cargo de Salvany, recorrió durante siete años el territorio suramericano, visitando Venezuela, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia durante siete años. Fue un viaje duro y penoso en el que el propio Salvany perdió la vida. Tenía sólo 34 años.

El trabajo de ambas expediciones fue similar a lo largo de todo el recorrido: en todos los lugares por donde pasaban, vacunaban, dejaban instrucciones y una cierta organización sanitaria para mantener las vacunaciones. El moderno procedimiento de la vacuna suscitaba lógicamente muchos recelos en las poblaciones, de forma que en ocasiones los nobles debían de ser vacunados en primer lugar junto con sus familias para que el resto de la población se dejase vacunar. Grupos enteros de indígenas se resistieron masivamente a la vacunación. Los viajeros llevaban un registro completo del trabajo realizado en cada etapa y de las vacunaciones realizadas, por ejemplo: 56.000 en Colombia, 7.000 en Cuenca (Ecuador), 22.726 en el reino de Perú.

Esta expedición fue muy valorada en su tiempo e incluso el propio Jenner, inventor de la vacuna, al conocer la iniciativa dijo: "No me imagino que en los anales de la historia haya un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como éste". La de Balmis-Salvany fue probablemente el primer programa oficial de vacunación masiva realizado en el mundo, pero también tenía elementos políticos y formaba parte de un programa de gobierno: era un intento del rey Carlos IV de llevar los nuevos avances sanitarios a sus colonias y controlar el territorio.

La expedición de Balmis debe incluirse dentro del movimiento de grandes expediciones científicas ilustradas, financiadas generalmente por las coronas europeas. Desde el punto de vista de la historia de los viajes y exploraciones, supuso toda una aventura prolongada en el tiempo: siete años de peripecias, de recorridos por lugares impenetrables, de contacto con poblaciones locales aisladas. Es notable el tesón de unos hombres que sólo por distribuir la nueva vacuna fueron capaces de atravesar selvas, acceder a las más altas cumbres andinas o adentrarse en territorios casi inaccesibles a pie, a caballo o en canoas.

Retrato de Francisco Javier Balmis.
(Alicante, 2 de diciembre de 1753 - id., 1819)
.

De todas las historias de leones que se aficionaron a la carne humana durante la construcción del Lunatic Express, las más famosas son las de J.H. Patterson. El coronel Patterson llegó a Mombasa en 1898 con la misión de tender un puente sobre el río Tsavo. Durante los trabajos, dos grandes leones macho sin melena, algo frecuente en los leones de esta zona, comenzaron a realizar incursiones nocturnas en los campamentos para sacar de sus tiendas y devorar a los trabajadores. Los peones indios desarrollaron tal pavor a las bestias que las apodaron the Ghost and the Darkness, el Fantasma y la Oscuridad, a los que creían poseídos por malignos dioses locales que se oponían a la construcción del ferrocarril. Cuando finalmente Patterson consiguió abatir a los dos felinos, éstos habían devorado a 28 peones indios y un número indeterminado de porteadores locales. El puente se construyó y aún hoy persiste, una pieza de ingeniería tan insulsa que, de no ser por la leyenda que lo rodea, pasaría totalmente desapercibida.

Mapa con las escalas de la expedición..

En 1899 las obras del ferrocarril llegaron a un pozo de agua, uno más de todos aquellos en los que probablemente Thomson había descansado para refrescarse y abrevar a sus animales. Se trataba de una charca cenagosa en un lugar que los Maasai conocían como Nyrobi. El ingeniero jefe George Whitehouse decidió establecer allí la estación principal del ferrocarril para acometer las obras del Rift Valley. A finales de ese mismo año, el lugar ya era conocido como Nairobi, y los primeros aventureros y cazadores comenzaron a establecerse allí atraídos por su buen clima. Al mismo tiempo, la administración colonial decidió trasladarse de Machakos a la nueva ciudad.

El 20 de diciembre de 1901, la esposa del ingeniero jefe, Ronald Preston, depositaba el último raíl en Port Florence, hoy Kisumu, en las orillas del Lago Victoria. Posteriormente se tendería el tramo de Kisumu a Kampala. Así terminaba la construcción de una de las grandes obras de ingeniería de la historia, que aún hoy es una arteria fundamental en las comunicaciones del este de Africa. De hecho, el ferrocarril sentó las bases para la construcción de Kenya, cuyas principales ciudades, a excepción de las costeras, se fundaron como estaciones del Lunatic Express. Los supervivientes de entre los peones indios que trabajaron en las obras dieron origen a una de las grandes comunidades de origen foráneo que hoy se mantienen en el país.

La construcción del ferrocarril derramó también mucha sangre nativa, la de todas las tribus que reaccionaron a la intromisión en sus tierras: los Giriama, los Taita, los Kamba, los Kikuyu, los Kisii, los Nandi y los Elgeyo fueron brutalmente reprimidos por sus escaramuzas contra el poder dominante.

En 1902, la región del protectorado de Uganda al oeste del Rift Valley fue transferida al protectorado de British East Africa, con el doble fin de situar el ferrocarril bajo una administración única y de restaurar las fronteras del reino de Buganda. Esto casi terminó por definir las fronteras de la actual Kenya

Home


© GEFOR Agosto 2007