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Ébano de Ryszard Kapuściński … o la Fiebre de África
Comentarios infecciosos a la literatura … por el Dr. Manuel Linares
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La fiebre de África


     “ He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario; prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical . Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.

     De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos –África-. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.”


Ryszard Kapuściński (Prólogo)


El autor

A Ryszard Kapuściński (Pinsk, Bielorrusia, entonces parte de Polonia, 4 de marzo de 1932 – Varsovia, 23 de enero de 2007) se le ha llamado a menudo el mejor reportero del siglo. En su opinión, el auténtico periodismo era el intencional, el que aspiraba a producir algún cambio en el mundo, y en sus escritos se refleja este anhelo.

En 1964 fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP) como su único corresponsal en el extranjero.

Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2003 por «su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje».




Enfermedades infecciosas en primera persona

Nos encontramos ante un libro donde las referencias continuas al mundo infectológico son inevitables, son las propias experiencias de su autor y los acontecimientos que van surgiendo a su alrededor los que nos hacen vivir una problemática social y política imposible de separar de la realidad sanitaria. Un texto cargado de tropicalidad, un libro de necesidad para entender África.

He recogido algunas referencias infectológicas necesarias a mi entender y que recorren en toda su amplitud el panorama microbiológico africano, espero que os gusten:

Infecciosas en Ébano

Un hombre blanco en África… el hombre blanco aparece como un cuerpo extraño, estrafalario e incongruente. Pálido, débil, con la camisa empapada de sudor y el pelo apelmazado, no cesan de atormentarlo la sed, el tedio y la sensación de impotencia. El miedo no lo abandona: teme a los mosquitos, a la ameba, a los escorpiones, a las serpientes; todo lo que se mueve lo llena de pavor, de terror de pánico.

Tropicales y África … La sabiduría y la experiencia de estas gentes les hace trabajar poco y despacio, les obliga a hacer largas pausas, cuidarse y descansar. Al fin y al cabo son personas débiles, mal alimentadas y sin energías. Si alguna de ellas empezase a trabajar intensamente, a deslomarse y sudar sangre, se debilitaría aún más, y, agotada y exhausta, no tardaría en caer enferma de malaria, tuberculosis o cualquier centenar de enfermedades tropicales que acechan por todas partes y la mitad de las cuales acaba con la muerte. Aquí, la vida es un esfuerzo continuo, un intento incesante de encontrar ese equilibrio frágil, endeble y quebradizo entre supervivencia y aniquilación … ”

Malaria… Lo más frecuente era que grupos, clanes o pueblos poco numerosos viviesen aislados, perdidos y diseminados por el vasto y hostil territorio, y mortalmente amenazados por la malaria, la sequía, el calor y el hambre.

… Sentado sobre la hierba, encogido, agarrotado y sacudido por el temblor de la malaria, no extiende la mano, no mendiga; nos mira con unos ojos en los que no hay ni súplica, ni tan sólo curiosidad.

… Tenía el rostro demacrado y bañado en sudor, y sus grandes ojos ardían. Lo atormentaba la malaria, saltaba a la vista que lo consumía la fiebre y se podía adivinar el temblor y los escalofríos que recorrían su cuerpo. Agotado, exhausto y apático, hablaba en voz baja … ”

Quinina y antipalúdicos… la vasta extensión de África, la escasez de ríos navegables y la falta de carreteras, así como un clima mortífero, si bien es cierto que han sido un obstáculo en su desarrollo, al mismo tiempo han constituído una defensa natural ante la invasión ; todos estos factores han hecho que los colonialistas no pudiesen adentrarse demasiado. Se mantuvieran cerca del litoral, de sus barcos y sus fortalezas armadas, de sus acopios de alimentos y de la quinina.

SIDA y África… ¿La imagen de África que se ha forjado Europa? Hambre, niños-esqueléticos, tierra tan seca que se resquebraja, chabolas llenando las ciudades, matanzas, el sida, muchedumbres de refugiados sin techo, sin ropa, sin medicinas, sin pan ni agua … ”

Malaria cerebral… Gracias a Dios, estás vivo –oí- . Pero enfermo. Tienes malaria. Malaria cerebral …

… la malaria cerebral es el temible azote del África tropical. En tiempos, siempre acababa con un desenlace fatal. Ahora tampoco ha dejado de ser temible, siendo a veces mortal. Al viajar hacia aquí, cerca de Arusha pasamos junto al cementerio de sus víctimas, la huella de la epidemia que había estallado allí hací varios años ”.

Mosquitos y mosquiteras … En una habitación hay una mesa y varias sillas, y en la otra, una cama, encima de la cual se extiende una mosquitera; su presencia recuerda el blanco y largo velo de una novia - más bien persigue el fin de producir una sensación de bienestar en el inquilino antes de protegerlo de los mosquitos: éstos siempre acabarán saliéndose con la suya. Estos agresores, pequeños pero molestos, todas las tardes deben de fijarse un plan de acción para mortificar a su víctima, pues si, pongamos por caso, son diez, no atacan todos juntos -lo que nos permitiría eliminarlos a todos de golpe y tener una noche tranquila -, sino que embisten uno a uno: primero parece salir el explorador en misión de reconocimiento mientras que el resto, a todas luces, observa el desarrollo de los acontecimientos … ”

Lepra / Oncocerca … eso significaría que ha perdido la confianza y que debe marcharse. Esto ocurre cuando el jefe comete una de estas cinco infracciones: embriaguez, gula, confabulación con brujos, mala actitud hacia la gente y gobernar sin pedir opinión al consejo. También tendrá que irse si se queda ciego, se contagia la lepra o se vuelve loco … ”

Tripanosomiasis… ni el camello ni el caballo consiguieron adaptarse al África subsahariana: morían diezmados por la mosca tse-tse y también a causa de otras enfermedades mortales del trópico húmedo.”

… Pueden proporcionarme el decreto referente a cómo aumentar la producción de cacahuetes en Senegal. Cómo combatir la mosca tse-tse en Tanzania. Como limitar la sequía en el Sahel. Pero ¿cómo salvar a África? No, no tienen ningún plan en este sentido … ”



Un ataque de malaria… La primera señal de un inminente ataque de malaria es una inquietud interior que empezamos a experimentar de repente y sin ningún motivo claro. Algo nos pasa, algo malo. Si creemos en los espíritus, sabemos qué es: ha entrado en nosotros un espíritu maligno y nos ha embrujado. Nos ha paralizado y clavado. Por eso no tardamos en sentirnos entumecidos, pesados y sumidos en el marasmo.

Todo nos irrita. Sobre todo la luz, detestamos la luz. Nos irrita la gente: sus voces estridentes, su repugnante olor y su tacto áspero.

Pero tampoco tenemos demasiado tiempo para experimentar semejantes ascos y repugnancias, pues al cabo de poco rato, a veces de repente y sin haber dado señal de aviso, se produce el ataque. Es un súbito y violento ataque de frío. Un frío polar, ártico. Como si alguien nos cogiese desnudos, abrasados por el infierno del Sahel y del Sáhara, y nos lanzase directamente al altiplano helado de Groenlandia y las Spitzberg, entre nieves, vientos y tormentas polares. ¡Qué conmoción!¡Qué choque!.

En un segundo empezamos a sentir frío, un frío terrible, espantoso, espectral. Empezamos a titirar, a temblar, a agitarnos. Sin embargo, no tardamos en darnos cuenta de que no se trata del del mismo temblor que conocemos de experiencias anteriores - de cuando, por ejemplo, pasamos mucho frío en la intemperie de un invierno-, sino que nos atenazan unas vibraciones y convulsiones que al cabo de poco tiempo nos desgarrarán en jirones. Y para intentar salvarnos, empezamos a suplicar ayuda.

¿Qué trae el mayor alivio en momentos así? En realidad, lo único que nos puede sacar del mal trance momentáneo es que alguien nos tape. Pero no que nos tape de manera corriente: con una manta, un cubrecama o un edredón. La cosa consiste en que la prenda de abrigo debe aplastarnos con su peso, aprisionarnos en una forma cerrada, apisonarnos. En un momento así, no hacemos sino, precisamente, soñar con que nos aplasten. ¡Nos gustaría tanto que nos pasase por encima una apisonadora!
"

… En una ocasión, tuve un ataque de malaria en una humilde aldea donde no había prendas de abrigo de ningún tipo. Los campesinos me pusieron encima la tapa de un baúl y se quedaron pacientemente sentados sobre ella, esperando a que se me pasara la fase peor de la tiritona. Los más infortunados son aquellos que, al sufrir un ataque de malaria, no tienen con qué taparse. Se les ve a menudo junto a los caminos, en la selva o en las casuchas de barro, se les ve tumbados en el suelo y semiinconscientes, aturdidos y empapados en sudor, y cómo sus cuerpos son sacudidos por rítmicas oleadas de convulsiones. Pero, incluso protegidos por una docena de mantas, cazadoras y abrigos, los dientes nos castañetean y gemimos de dolor porque notamos que este frío no viene desde el exterior -¡fuera hace una temperatura de cuarenta grados!-, sino que lo tenemos metido dentro, que esas Spitzberds y Groenlandias se han instalado dentro, que todos esos carámbanos, témpanos y montañas de hielo circulan a través de nuestro cuerpo, de nuestras venas, músculos y huesos. Este pensamiento podría llenarnos de pavor si fuésemos capaces de hacer el esfuerzo de sentir algo. Pero el pensamiento en cuestión no aparece sino en el momento en que, tras varias horas de febril agitación, el punto álgido del ataque se aleja poco a poco, e , inertes, empezamos a sumergirnos en un estado de agotamiento e impotencia absolutos … ”

… El ataque de malaria no sólo se limita al dolor, sino que, como cualquier otro sudor, es una vivencia mística. Entramos en un mundo del cual tan sólo hace unos momentos no sabíamos nada y, mientras tanto, ese mundo resulta que existe a nuestro lado y que finalmente se ha apoderado de nosotros, nos ha convertido en parte de él: encontramos en nuestro interior simas, despeñaderos y abismos desconocidos cuya presencia nos llena de pavor y sufrimiento. Pero el momento de los descubrimientos pasa, los espíritus nos abandonan, se marchan y desaparecen, y lo que se queda bajo la montaña de los hallazgos más estrafalarios es algo verdaderamente lamentable … ”

Tuberculosis… A pesar de que me había marchado de Kampala hacía ya bastante tiempo, en lugar de mejorar me sentía cada vez peor. Son secuelas de la malaria, me decía a mí mismo,y, por añadidura, de las insoportables temperaturas de la estación seca … ”

… Había pasado un mes de aquella existencia miserable y lacia cuando me desperté una noche porque sentí la almohada excesivamente húmeda. Encendí la luz y me quedé de una pieza: la almohada estaba empapada de sangre … ”

… Sí - dijo finalmente Doyle, apretándome el hombro con suavidad -, definitivamente se trata de tuberculosis. Y se sumió en silencio." Las piernas se me doblaron y se volvieron tan pesadas que no conseguía levantar ni una ni otra. Nos detuvimos. - Te ingresaremos en el hospital - dijo. - No puedo ir al hospital -contesté-. No tengo dinero (Un mes de estancia en el hospital costaba más que mi sueldo de tres meses) - Entonces tienes que regresar a tu país - dijo … ”

… En realidad sólo hay una salida. Esta mañana has estado en el dispensario municipal. A él acuden a tratarse africanos pobres porque es gratuito. Pero desgraciadamente las condiciones en que se encuentra son deplorables. Aunque no muy a menudo , yo sí que voy allí a veces porque soy el único especialista en tisis en este país tan grande y en el que la tuberculosis es una enfermedad muy común. Tu caso es bastante típico: una malaria fuerte debilita tanto al organismo que la persona fácilmente cae enferma de otra cosa, y muy a menudo precisamente de tuberculosis. Mañana te inscribiré en la lista de los pacientes del dispensario. Eso puedo hacerlo. Te presentaré al personal. Todos los días irás a que te pongan una inyección. Lo intentaremos. Ya veremos que pasa. … ”

… En la vitrina del armario acristalado de su consulta se veía una enorme lata de metal (donación de la Cruz Roja danesa) en la cual había unas pastillas grandes y grises que se llamaban PAS. Yo tomaba veinticuatro al día. Mientras me dedicaba a contarlas y meterlas en una papeleta, Edu sacaba del agua hirviendo una maciza jeringuilla de metal, colocaba la aguja y de una botella extraía dos centímetros de estreptomicina. A continuación, tomaba un amplio impulso, como si quisiera lanzar la jabalina, y me clavaba la aguja … ”

Disentería - colera

… el guarda de la verja nos haría dar media vuelta porque precisamente en esos días se acaba de declarar en el campo una epidemia de cólera, o de disentería … ”

… Algunos llegan hasta Monrovia y acaban su breve vida en alguna cuneta o basurero, comidos por la malaria o por el cólera o por los chacales … ”

Perros y malaria

… a la sombra de unas casa medio derruídas, dormitaban tras sus puestos unas vendedoras gruesas y por todas partes deambulaban perros atormentados por la malaria … ”


Ryszard Kapuściński

     El libro Kapuściński sumergido en el continente africano, rehuyendo las paradas obligadas, los estereotipos y los lugares comunes. Nos muestra la gran historia –de las guerras, los golpes de Estado, las revoluciones- y también la pequeña historia, la de la gente que lucha por sobrevivir día a día en las monstruosas megalópolis atestadas de campesinos expulsados de sus tierras, o en los pueblos dejados en los márgenes de la civilización.


© GEFOR Octubre 2007